Arte en Chile: la precariedad laboral

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La precariedad que permea el sector cultural en nuestro país es una realidad preocupante. La búsqueda por la estabilidad económica es eterna para quienes se dedican al arte. A medida que los artistas buscan establecerse en el ámbito laboral, se enfrentan a una constante inestabilidad y la ausencia de oportunidades juega una mala pasada a aquellos que, por seguir su vocación, viven al filo de la precariedad. 

Sostener la actividad cultural en un país como Chile es una labor compleja. Las oportunidades de trabajo que existen son pocas y las tarifas por el servicio suelen ser bajas. El ciudadano promedio no consume cultura habitualmente, para el estado el arte no es una prioridad y hay una saturación en el mercado. En ese escenario, las opciones se reducen a cero.

Debido a que las vías para financiar los proyectos artísticos son los fondos concursables que otorga el Estado, sacar del papel estas ideas la mayoría de veces es imposible. La autogestión y los proyectos individuales tampoco son la solución, ya que para llevarlos a cabo se necesitan fondos que, en casi el 100% de los casos, no es posible reunir. 

La raíz de todo, tiene que ver con la baja valoración del arte y la cultura que hay dentro de nuestra sociedad. Esto es lo que hace que los artistas no puedan vivir de su producto, ya que nadie lo consume. Además, cuando se invierten más fondos públicos en cultura y arte, las réplicas son: “hay cosas más urgentes”. Y lo cierto es que, en una sociedad tan desigual, la cultura es un privilegio de pocos.

Con este panorama, los y las artistas se ven en la necesidad de recurrir a trabajos que no tienen que ver con su área. Dado que las políticas públicas los dejan desamparados en su desarrollo, se ven enfrentados a la precariedad y al desamparo.

Estadísticas reveladoras

El estudio “El escenario del trabajo cultural en Chile”, organizado el 2014  por el Proyecto Trama e impulsado por el Observatorio de Políticas Culturales (OPC), se propuso ahondar en estas problemáticas y los resultados establecieron una tendencia bastante clara.

Los antecedentes, analizaron la realidad de cuatro mil artistas: artes visuales (23,2%), escénicas (21,7%), literatura (6,5%), música (19,1%), audiovisual, gestión cultural (19,7%) y técnicos e intermediarios ligados al arte y la cultura (9,8%), todos pertenecientes a las regiones de Antofagasta, Maule, Valparaíso y Metropolitana.

Dentro de los resultados, se observó que un 88,3% no tenía contrato o boleta, mientras que un 9,6% poseía un contrato a plazo fijo. Un número sorprendente fue el siguiente, que demostró que un 56,6% de los trabajadores lo hacía de forma independiente. Del total, un 7,2% se declaró como cesante y sólo entre el 45% y el 50% de los encuestados vivía del arte. 

En este sentido, Enzo D’Arcangeli, actor de profesión, declaró ser de ese reducido porcentaje que se dedica exclusivamente al arte. “Nunca he trabajado en otra cosa, a excepción de cuando era joven. Soy bastante afortunado al poder dedicarme al 100% a lo que hago”. Sin embargo, expresó que dentro de todo, él es la «excepción a la regla» por contar con esa posibilidad. “Eso no significa que gane mucho ni que siempre esté contratado, la mayoría de las veces no es así. De hecho, tengo amigos que pueden estar meses sin pega”.

Un tema que preocupa al mundo de la cultura y las artes y, que también está relacionado con el trabajo, es la visión de futuro. Al no poseer contratos ni una estabilidad económica, en el estudio anteriormente citado, un 37,2% señaló no estar afiliado a ningún tipo de previsión para la jubilación. Lo anterior, refleja una realidad alarmante.

Al respecto, el ex presidente de la Unión de Artistas en una entrevista para Diario UdeChile, Edgardo Bruna, hizo referencia a la necesidad de trabajar mancomunadamente.  “El tema no lo va a solucionar solamente el Estado, aquí tiene que concurrir mucha gente, muchos actores y distintos aparatos del Estado”. Asimismo, subrayó la dificultad que presentan los trabajadores de la cultura para afiliarse a una previsión de salud. “Para el tema de salud tiene que haber un sistema que se adecúe a la realidad de los artistas, porque las condiciones y características de trabajo son distintas, uno vive de su producción, como la gente de las artes de la representación”, afirmó.

En 2020, el ministerio de las Culturas levantó un catastro en todo el país con el objetivo de ahondar en la realidad de quienes viven del arte. Participaron 15.079 personas y el análisis condice con los resultados del estudio anterior.

Del universo total de encuestados, el 85,1% se definió como trabajador independiente y sólo un 10,7% dijo tener contrato. De los trabajadores independientes, un 79,4% señaló que no tenía ingresos estables. 

En torno a esto, Nicolás Lagos, actor, aseguró que estas cifras son una realidad lamentable. “Sí, es cierto. De los 6 años que llevo egresado muy pocas veces he podido solventarme sólo con el teatro. Trabajo en muchas cosas y en nada a la vez. Es verdad eso de que sobrevivimos, tenemos que estar siempre buscando algo que hacer para vivir”.

La actriz Valentina Durán, para el Diario Concepción, comentó la inquietud que surge respecto a temas ligados al futuro, como lo es la jubilación y la salud. “Cuando tengo contrato se pagan las imposiciones, en salud estoy en Fonasa y voy pagando cuando puedo, y en la última devolución de impuestos un porcentaje se fue para la AFP que en medio de la situación del país siguen especulando con el dinero de los trabajadores”. 

En 2020 también, se realizó el primer catastro de trabajadores de las artes visuales de Chile, en el cual participaron 420 personas de las cuales casi el cien por ciento vivía en la región Metropolitana.

El catastro, reveló nuevamente lo precarizada que está la labor del arte en nuestro país. Con sólo el 15.1% de los encuestados trabajando con contrato y otro 33.7% en trabajos informales, el 31% dijo ganar entre $301.000 y $500.000.

Respecto a las previsiones de salud y jubilación, en este catastro las cifras fueron menores y en el caso de la salud, sólo un 9% declaró no estar afiliado a ningún servicio. Sobre la afiliación previsional en pensiones, el número fue mayor, donde el 20% afirmó no pertenecer a ninguna de las opciones. 

La brecha sociocultural

Esta realidad es preocupante y lamentable. Los artistas, como todos los demás profesionales, deberían contar con, al menos, la posibilidad de trabajos estables y dignos. Las cifras demuestran que si bien hay aspectos que podrían mejorarse sustancialmente, el problema de raíz es otro.

La apreciación y participación en el arte y la cultura ha estado históricamente vinculado a los sectores socioeconómicos más altos. Los indicadores de participación cultural, indican que la élite de nuestro país ocupa los primeros lugares tanto en consumo como en la creación artística.

Si bien la cultura no debería ser exclusiva de un sector, la accesibilidad a ella no permite la participación de todos. Es eso, lo que ha provocado una desconexión de la sociedad con las expresiones artísticas.

Según los datos de las Encuestas Nacionales de Participación Cultural, el grupo socioeconómico abc1, destaca en la asistencia a todos los espectáculos culturales. Liderando los porcentajes y superando a los otros cuatro tramos.

Este fenómeno, plantea interrogantes sobre qué tan asequible es la cultura y nos invita a reflexionar acerca de la amplitud de las brechas sociales. Es urgente tomar medidas para superar barreras y que todos los ciudadanos puedan tener acceso a la cultura, ya que es un factor decisivo en el desarrollo de la comunidad.

En el siguiente link puedes leer más sobre la vida laboral de los actores y actrices.

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