La Pinacoteca de la Universidad de Concepción alberga un tesoro artístico en el sur de Chile: el mural «Presencia de América Latina», creado por el renombrado artista mexicano Jorge González Camarena, se alza como un testimonio visual de la identidad, la historia y la diversidad.

El Ministerio de Educación, mediante el decreto 147 de 2009, oficializó la declaración del monumento como histórico. En el año 2010, el Gobierno del país ratificó este estatus, colocando una placa distintiva en la obra para resaltar su importancia. “El mural específicamente tiene declaración patrimonial y tenemos obligaciones al respecto también, es parte de la identidad de la universidad. Es un elemento identificativo muy fuerte para todos nosotros”, comenta Samuel Quiroga Soto, curador de la Pinacoteca.

Con una extensión monumental, el mural se despliega en la Pinacoteca UdeC, convirtiéndose en un espectáculo que abraza al espectador desde todos los ángulos. La superficie total de esta obra, pintada en acrílico, es de 250 m2. La altura es de 6 mts. y el ancho de 34,74 mts. Su creación data de la década de 1960, un periodo donde las expresiones artísticas en México estaban impregnadas por la vibrante energía de la posrevolución y la búsqueda de una identidad cultural única para América Latina.

El diseño arquitectónico de la Pinacoteca también juega un papel crucial en la experiencia del visitante. La iluminación cuidadosamente seleccionada resalta las texturas y colores de la obra, creando un ambiente que invita a la reflexión y a la contemplación, expresa Albino Echeverría, artista plástico y ex curador de la Pinacoteca, en el artículo «Pinacoteca de la Universidad de Concepción» de la revista Scielo.

Los autores detrás de la obra

El mural de González Camarena es una sinfonía visual de colores intensos y formas audaces que narran la compleja historia de la región. Desde los orígenes precolombinos hasta la fusión de culturas que caracteriza a la América Latina contemporánea, cada centímetro cuadrado del mural destila un compromiso profundo con la representación de la diversidad y la riqueza cultural.

“Jorge González Camarena, que es el autor de esa obra, que digamos no la hizo solo, tuvo varios ayudantes”, menciona el curador. González pidió ayuda a los muralistas mexicanos Manuel Guillén, Salvador Almaraz López y Javier Arévalo y capacitó durante siete meses a dos pintores chilenos en la técnica del acrílico: Albino Echeverría y Eugenio Brito, asegurando así la futura mantención de la obra.

“En México hay dos grandes generaciones de muralistas, la primera generación, que son David Alfaro, quién pintó el mural en la escuela de México de Chillán, Diego Rivera, que fue el esposo de Frida Kahlo y el otro es José Clemente Orozco, el mismo nombre que lleva la Casa del Arte José Clemente Orozco. Entonces, esos son los grandes muralistas de la primera generación de muralistas mexicanos, de la segunda generación de muralistas mexicanos, el único que sobresalió como los anteriores, fue Jorge González Camarena y la obra principal de Jorge González Camarena, es ese mural y es nuestro”, señala Samuel Quiroga.

Un mural que cuenta nuestra historia

Uno de los elementos más destacados de la obra es la presencia de figuras emblemáticas de la historia latinoamericana. Desde líderes indígenas hasta personajes clave de la independencia, González Camarena otorga visibilidad a aquellos cuyas contribuciones han forjado el tejido de la identidad latinoamericana. La inclusión de estos personajes no solo resalta su importancia histórica, sino que también promueve un sentido de unidad y orgullo en la diversidad.

La fusión de estilos artísticos es otra característica distintiva del mural. González Camarena, influenciado por el muralismo mexicano y su maestro, David Alfaro Siqueiros, logra incorporar elementos modernos y simbolismos prehispánicos de manera armoniosa. La combinación de formas geométricas, símbolos indígenas y escenas históricas crea una sinergia que da vida a la obra y la hace accesible a un espectro amplio de espectadores.

El mural no solo busca retratar la historia, sino también provocar la reflexión sobre los desafíos y aspiraciones de América Latina. En medio de la iconografía histórica, González Camarena incorpora elementos que simbolizan la lucha contra la opresión, la búsqueda de la justicia social y el anhelo de un futuro más equitativo. Este enfoque político y social confiere al mural una dimensión de relevancia y urgencia que resuena en el espectador contemporáneo.

Símbolos de la identidad

«Especialmente protagonistas son los pueblos originarios representados por mujeres, que aparecen en todo el desarrollo del mural, ya sea para simbolizar los recursos minerales y marinos o para configurar la mezcla de las diferentes razas nativas y extranjeras», explica para Diario Concepción, la escultora Sandra Santander.

El desarrollo del mural comienza en el panel derecho, donde se representa el pasado prehispánico de América Latina. En la parte superior, destaca el rojo símbolo de Zontemoc, representando el ocaso de las culturas precolombinas. En la sección aérea de la escalera, emerge la Serpiente Emplumada, Quetzalcóatl, con colmillos imponentes y ojo verde, un símbolo mexicano. A la izquierda, una mujer de rostro azul, la mítica sirena, enreda peces entre sus dedos, mostrando las riquezas del mar junto al verde mascarón de Tláloc, dios de la lluvia azteca, expresa Albino Echeverría, artista penquista, en la revista Scielo.

En este mural, que exalta los valores culturales, raciales y de unidad latinoamericanos, solo hay una breve alusión a la lucha de la conquista: en el ángulo superior izquierdo, dos cabezas de caballos y un español luchan con un Caballero Águila.

El panel central inicia con «La Pareja Original», formada por un español y una mujer que representa todas las razas indoamericanas. Caminan sobre la tierra (carbón), mientras en la parte inferior yace dormidas en la tierra mujeres que simbolizan riquezas minerales: cobre, plata, oro. En la parte superior, mujeres cubiertas de enredaderas simbolizan la generosidad de la tierra, realzada por la gravidez de una de ellas. Plantas representativas de ambos continentes crecen sobre ellas: Europa es el trigo, América el maíz. La pirámide concluye con conquistas técnicas: hélices, émbolos, arados.

Fusión de razas: tres rostros ensamblados en el tema central

Este motivo se enlaza con el tema central del mural: la fusión de razas representada por tres rostros ensamblados en la parte superior. El gran rostro rojo simboliza la raza americana, proyectando los aportes de otras razas del mundo. La mujer desnuda representa a Latinoamérica. El blanco capitel sobre el desnudo sintetiza el aporte arquitectónico de culturas greco-latinas, mientras la columna de piedras talladas muestra las contribuciones de culturas mesoamericanas, incluyendo pirámides aztecas y estelas mayas.

Todos los elementos del panel central están unidos por un ondulante friso de banderas de países latinoamericanos. En los extremos se encuentran aves heráldicas: en el sur, el cóndor como fondo de la bandera de Chile, y en el norte, resplandeciente el águila y la serpiente, sobre las cuales se recorta la bandera de México.

Nopal y Copihue, México y Chile entrelazados

En el costado izquierdo, dos símbolos botánicos llenan el muro: la planta representativa de México, el nopal, entrelazado con el rojo copihue, flor nacional de Chile. Espadas y puñales clavados en el tronco del nopal reflejan las guerras de México, mientras las plantas con raíces abrazan tres esqueletos que representan a nuestros antepasados que las nutren.

Coronando el mural, en la cornisa podemos leer los versos de Pablo Neruda: “Y no hay belleza como esta belleza de América extendida en sus infiernos en sus cerros de piedra y poderío y en sus ríos atávicos y eternos”, conluye, Albino Echeverría.

La unión representada en un relato pictórico

La conservación del mural a lo largo de los años ha sido un esfuerzo continuo para preservar no solo la integridad física de la obra, sino también su mensaje perdurable. La importancia de «Presencia de América Latina» va más allá de su estatus como obra de arte; es un testimonio de la capacidad del arte para ser un agente de cambio y reflexión en la sociedad.

En conclusión, el mural «Presencia de América Latina» de Jorge González Camarena se eleva como una obra maestra que trasciende el tiempo y las fronteras. Su capacidad para contar la historia de la región, resaltar la diversidad cultural y provocar la reflexión sobre cuestiones sociales y políticas le confiere un estatus icónico en el panorama del arte latinoamericano. Cada visita a este mural es un viaje a través del tiempo y el espacio, un encuentro con la riqueza de la identidad latinoamericana plasmada en pinceles y colores.

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